Un innovador estudio del MIT muestra que no importa la capacidad individual de los miembros de un equipo, si éste se comunica en base a cierto patrón, será invariablemente un equipo ágil de alto desempeño. El patrón consiste en 3 características: alta energía en los intercambios del equipo, definida por la cantidad de intercambios entre sus miembros; igualdad en el nivel de participación de sus miembros (la discusión no es dominada por unos pocos); y exploración fuera de su equipo.
Posterior a este estudio, Google analizó 180 equipos y descubrió que los mejores no se definían por quiénes estaban en ellos, sino por cómo interactuaban. Su hallazgo principal, la seguridad psicológica, está directamente alineada con la segunda característica del estudio anterior (“engagement”): que todos hablen en la misma proporción y se escuchen.
Lo que estos estudios sugieren es que el desempeño de un equipo no depende de estrellas individuales, sino de la forma en que sus miembros interactúan. Y al mirar de cerca estos patrones de comunicación exitosos, es evidente que requieren que las personas sientan la confianza para interactuar libremente y para compartir ideas. Un ambiente demasiado jerárquico, o donde unos pocos brillen, conducirá invariablemente a un desempeño mediocre o poco competitivo.
El desafío de generar estos patrones de comunicación está en los líderes de equipo. Ellos tienen todo el poder para producir o limitar estos patrones. Si una empresa necesita que sus líderes tengan este elemento diferenciador, lo más sensato será invertir en entrenamientos o experiencias que enseñen a establecer relaciones de confianza y patrones de comunicación exitosos. Un entrenamiento de liderazgo basado en relaciones de confianza va al meollo de lo que los equipos necesitan hoy.